viernes, 5 de junio de 2009

Los tentáculos de la justicia criolla


Versión2: Manauri Jorge

Las características que invaden al rey Octopus del mar son fascinantes; posee tres corazones, un cerebro por cada brazo y arroja un cúmulo de tinta para defenderse de los depredadores que intenta hacer su fiesta alimenticia con él. El Pulpo es un animal único dentro del manto marino.

Estas características del Octopus Vulgaris (Pulpo) me hacen divagar un poco el raciocinio y, en un fácil ejercicio de extrapolación anatómica, concluyo que las características de este animal se parecen mucho a la de la justicia dominicana, solo que la justicia criolla supera con creses la supremacía del ocho brazos.

Nuestra señora judicial posee tan solo dos manos, pero en cada una lleva cinco dedos que tienen vida propia. Cada uno administra sus ingresos como le convenga; juzgando, perdonando, quitando, dejando, cogiendo, poniendo o sobornando, si en dado caso hay suficiente “alimento” para arriesgarse.

Posee un solo corazón, pero este solo puede aguantar los casos más fríos sin congelarse y los más calientes sin quemarse. El sistema nervioso de “la justicia” está diseñado para pasar desapercibido ante cualquier eventualidad sin alterar sus membranas, y si alguno de sus tentáculos intenta hacer las cosas bien hecha, se lo dan de comer a los tiburones o lo cortan de raíz para que no tenga chance de plasmar su criterio.

La tinta que emana desde el núcleo de la legislación viene prefabricada con compuestos químicos que dañan al que intente hacer justicia sin la justa aprobación de los juzgados… nadie puede tomar los tentáculos por si mismo y hacer lo que sea correcto, si no hay nada para el “pulpo” se busca la travesía de que pases un par de años en cuarentena tras barrotes y te sacan un jodio artículo que nadie sabe de donde sale para mandarte a la chirola.

Que si Quirino y su sobrino; que el caso Paya y la droga; que si Baninter o Mercantil; que si Williams o las periodistas; que si fulanito o perencejo. No importa el juicio que sea, si no le das de comer a la bípeda justicia no saldrás agraciado en esta lotería de cheques y efectivos con toga y birrete morado.
Para ser ciega, nuestra señora justicia tiene muy buenos tentáculos.

lunes, 1 de junio de 2009

Temporada ciclónica encuentra a miles de familias en casitas de cartón, otra vez


Versión2: Crisleydi Durán

Este lunes primero de junio se inicia la temporada ciclónica 2009 hasta el 30 de noviembre. Ana, Bill, Claudette, Danny, Erika, Fred, Grace, Henri, Ina, Joaquin, Kate, Larry, Mindy, Nicolás, Odette, Peter, Rose, Sam, Teresa. Esos son los nombres con lo que serán denominados los Ciclones Tropicales durante la época de este año en el Atlántico, Golfo de México y Mar Caribe.

La lista no representa un pronóstico de la actividad ciclónica, sino una relación con los nombres para asignar a los posibles ciclones que alcancen la etapa de tormenta tropical durante el año 2009.

Este extenso elenco de ciclones encuentra a más de seis millones de dominicanos que viven en zonas vulnerables en las mismas circunstancias en que le dejaron los que ya pasaron.

A partir de este lunes primero de junio vuelven a correr el peligro de inundaciones y con la lejana esperanza de que el Gobierno les pueda apropiar de casas dignas y seguras para enfrentar los fenómenos atmosféricos, los residentes de las zonas más vulnerables que han visto correr sus esperanzas en las aguas dentro de sus casas.

Las casitas de zinc y cartón son muy comunes en las orillas de los ríos Ozama e Isabela, en la capital, pero también de los afluentes que en todo el territorio nacional inundan las almas de aquellas personas más pobres e indigentes de la República Dominicana, quienes simplemente esperan la mano ayuda del presidente de la República.

Las pocas opciones de ubicación y la ausencia de perspectivas de mejoría obligan a los residentes de estos lugares a quedarse en las orillas de estas fuentes acuíferas, y es que las tantas promesas que les han hecho los mandatarios del país los mantienen vivos, pero no terminan de sacarlos de la miseria y la marginación.

Son incalculables los reclamos de reubicación que han hecho los residentes en las riveras de los referidos ríos, pero, para el Gobierno dominicano son más importantes las construcciones de lujosos edificios, hasta convertir la capital en una selva de cemento, mientras muchos esperan por un milagro para poder construir los techos que la fuerza del viento les llevó.

Los huracanes, esos fenómenos de la naturaleza que frecuentan el Caribe durante el verano, dejaron el pasado año una huella de desolación en miles de familias dominicanas.

Entre sus diferentes categorías, vientos, presión central y huracanes han levantado en más de una ocasión casas y barrios completos, mientras que tormentas tropicales permiten que los ciudadanos vean, sin equipo de buceo, la piedra más remota que se escondía entre la sal del mar caribe.