viernes, 22 de mayo de 2009

Indigentes de conciencia

Versión: Manauri Jorge

En lo que van cayendo las gotas de agua insípidas desde lo lato, así mismo se van esfumando la esperanzas de quien ve sus pertenencias ahogarse con la corriente, miles de damnificados que en su llanto sumergen las penas de saber que sin ser culpables pagarán el daño colectivo. La naturaleza nos cobra los males que les hacemos y ni siquiera somos capaces de prevenir sus azotes acrónicos.

Ver la cara triste del niño de nueve años que siente la ligera confusión sobre dónde estará su mamá, mientras la madre flota inerte bajo los escombros y él, en medio de la nada sin saber hacia donde ir. Sentir la pena ajena cuando ves al socorrista vociferar por ayuda, mientras la mano del pequeño se le resbala de los dedos y se le va y se va y nunca más volverá, o por lo menos hasta que la lluvia deje de caer y su cuerpecito salga a la luz junto con el de su mamita.

Las casas se llenan de agua y lodo, no hay energía eléctrica, no hay comida y mengua la fe de esperar que un milagro nos agarre confesados. No tenemos salida y tanto que lo dijeron en la radio y la televisión: “las personas que vivan cerca de los ríos y cañadas deben salir inmediatamente de sus residencias para evitar pérdidas humanas”, pero no hicimos caso y ahora nuestras vidas dependen del tiempo que pueda mantenerse en pie lo que queda de casa.

Los caminos son surcos salvajes que borran todo a su paso, el cielo está totalmente gris y no cabe duda que la naturaleza se está cobrando los tantos males que le hemos hecho. Violamos su confianza y sólo nos acordamos de ella cuando queremos obtener algún fin lucrativo que aliente nuestra niño mimado; el bolsillo.

Existe un egoísmo colectivo que depreda poco a poco el medio ambiente, al norte se plantan un árbol y al sur aniquilan diez para comercializar con el producto. No se trata de aumentar la forestación, se trata de acabar con la tala de árboles.

La sociedad dominicana está siendo testigo de los reveses de la naturaleza. Miles de damnificados, decenas de ahogados, heridos, desaparecidos y un sin número de victimas que nos ponen a pensar seriamente en el ecosistema. Tenemos la capacidad de elegir nuestras acciones y guiarnos por el camino que consideremos correctos, ahora, eso no nos da derecho a aniquilar despiadadamente el medio ambiente y si seguimos en esa práctica seremos protagonistas colectivos de los primeros párrafos.

martes, 19 de mayo de 2009

¿Muertes por encargos o ajuste de cuenta?


Versión2: Crisleydi Durán

“Sin duda que es un encargo de otro que no merece contemplaciones por sus acciones, sin embargo, ya aquellos politiqueros de oficio están sacándole provecho a este lamentable suceso”. Esto es una teoría que se me ha ocurrido al pensar en este tema.

Y, a propósito del asesinato de Rolando Florián Félix, me surge la idea de que en nuestro país se siguen cumpliendo esos “mandados”, sin la necesidad de acusar o defender a nadie, en la consideración de que Florián era un capo de muchos años, (primer capo de los años 90), y cumplía 20 años de prisión por su responsabilidad en el embarque de 953 kilos de cocaína desde Panamá.

Ahora, muere asesinado el pasado sábado de una manera confusa, de manos del capitán Lino de Oca Jiménez, en la celda donde cumplía condena.

Pero, ¿es posible que sea todo coincidencia? En un momento en que la República Dominicana padece de un auge de muertes estilo ejecución, las autoridades competentes se atrevan a decir que son “muertes por encargo”.

Pues, si es así, esta tipología de asesinato ya ha cobrado miles de víctimas y se ha convertido en un lucrativo negocio que en muchas ocasiones es dirigido desde las cárceles, tanto del país como internacionales. Hasta el momento no se conocen las verdaderas razones de la muerte de Félix, pero por cómo ocurrieron los hechos, indica que no fue por un simple acto de defensa propia.

Los que ejecutan “las muertes por encargos” son sicarios que cumplen órdenes provenientes de algún lugar, de alguien poderoso.

Pero el caso de Florián es solo uno, sin embargo de los tantos que se han efectuado de la misma manera y, peor aún, quedando impune por negligencia de las autoridades competentes.

Es bien conocido que detrás de un asesinato por encargo hay una red de narcotraficantes o delincuentes del crimen organizado que pretende castigar una traición a algún miembro que se haya quedado con la droga o el dinero de su venta o cualquier otra transacción ilegal, o que se le haya “ido la lengua” pasando información a otra banda, hasta dentro de las mismas autoridades policiales o militares, cuando estos estén envueltos. Eso es un peligro nacional, que se está dejando de lado.

Es de imaginarse la cantidad de expedientes que debe haber en los archivos de las Fiscalías del país, con acusaciones de muertes por encargo a personas que de seguro son o fueron asesinadas por equivocación, o de aquellos que son acusados por matar a personas, pero como tienen buena influencia no son detenidos.

Eso no es sorprendente porque este es un país donde impera la relación o el compañerismo, aquí no importa la capacidad sino las buenas recomendaciones de “personas influyentes”. Vuelvo a repetir que bajo ninguna circunstancia defiendo o culpo la muerte de este capo, que sin embargo considero que es un ajuste de cuentas ante las acciones ilícitas que hizo durante su vida.

Los familiares del occiso piden, ahora, una justicia que él no cumplió.