miércoles, 2 de mayo de 2012

La vida en manos de otro

Como si ser especial fuera una maldición, 25 niños -y no tan niños- son atendidos por filántropos dentro de la fundación Casa de Jesús. A los que todavía le sobreviven los parientes ya ni recuerdan sus rostros por la ausencia prolongada.

"Viviana" cumplió siete años el pasado 11 de abril y ni siquiera lo recordó. Quizá sea intencional que ignore el mundo fuera de las cuatro paredes donde lleva junto a sus semejantes seis años y tres meses.

Llegó a la Fundación Proyecto Ayuda al Niño Casa de Jesús justo cuando lo inauguraron en el año 2006. Su madre de 13 años padecía trastornos mentales y la abandonó. Tiene una abuela materna que, por cierto, lleva más de cuatro meses sin saber de ella.

Como ella hay 25 infantes, con edades entre los tres y 21 años, que conviven dentro del único centro que los cuida por esa zona, ubicado en el kilómetro 19 de la autopista Las Américas, calle Monumental número 7 en el sector Esther Mariel.

Pero que no les confunda la posición geográfica del refugio: no pasa de un dígito porque en los 1,500 metros al norte que toma llegar al lugar no hay más de seis viviendas. La construcción de la vía fue iniciada y las autoridades la han dejado en caliche, lo que condiciona que cada 300 metros se formen furúnculos de lodo.

Pero más importante que ese problema es que el centro carece de ayuda económica. Su director Lucas Carvajal asegura que en los últimos dos años han tenido que hacer malabares para cuidar a sus dependientes.

Y enfatiza desde el 2010 a la fecha porque a raíz del terremoto de enero en Haití, la Fundación Proyecto Cuidado al Niño (Project ChildCare Foundation) que los patrocinaba, abandonó el proyecto y se fue a brindar ayuda del otro lado de la frontera.

Mensualmente aportaban cerca de 200 mil pesos para el pago de una niñera por cada interno, una maestra, cuatro enfermeras, una doctora especializada y cuatro vigilantes. Sin esos fondos disponibles, la reducción al mínimo de personal fue obligada.

Reciben la colaboración mensual de 20 cajas con alimentos del Plan Social de la Presidencia y desde septiembre de 2011 los Centros de Comedores Económicos también se han sumado a la colaboración con raciones alimenticias.

La energía eléctrica la dona el Ministerio de Salud Pública, aunque se va desde las 8:00 de la mañana hasta las 6:00 de la tarde, según los entrevistados. Conservan tres inversores dejados por los norteamericanos y con eso tratan de hacer malabares para los pocos alimentos que les llegan no pierdan vigencia.

"Hay un señor en el kilómetro de 12 de Las Américas que es dueño de un almacén y nos fía algunas cositas hasta que le podamos pagar. Una vez lo traje a la fundación y desde entonces colabora con el crédito", apuntó Carvajal.

Con la abundancia de iglesias pentecostales cabe la interrogante de ¿por qué el pastor no saca una parte del diezmo recibido y lo dispone al Centro? "La iglesia donde estoy necesita más que este lugar y lo poco que se consigue es para ayudar a los enfermos".

Un empresario cubre los salarios de la terapista, la enfermera y uno de los vigilantes. El pago de cuatro niñeras corre por cuenta de cuatro donantes de clase media. El sueldo de los dos vigilantes restantes, la secretaria, la encargada de limpieza y la cocinera... ¡bien gracias!

Desde que la Casa de Jesús abrió sus puertas no han escatimado esfuerzos para recibir con los brazos abiertos -actualmente vacíos- a los necesitados.

Carvajal precisa que antes de darle entrada a un enfermo hacen una evaluación del caso y, si amerita la urgencia, solicitan la autorización del Consejo Nacional para la Niñez (CONANI) para trasladarlo a su refugio.

"Más del 80 por ciento de los enfermos son pobres; algunos parientes son de clase media alta, pero creo que les avergüenza tener un dependiente especial y prefieren abandonarlo a su suerte", reseñó.
Del total de ingresados, hay seis que llegaron directamente desde la institución gubernamental.

La dirección de Casa de Jesús no se opone a la mediación, pero insiste en que por lo menos el Gobierno le otorgue un mínimo de recursos para sostenerse.

Aportes del Conani

Mercedes Guzmán, encargada de Organizaciones No Gubernamentales del Conani, aclaró que no facilitan dinero a ninguna organización por una carencia generalizada, pero que les sirven de mediadores para la donación de medicinas y alimentos.

Además, resaltó que al refugio le asignaron una supervisora permanente para que rinda informe de todo lo que suceda y les facilite lo que esté dentro de sus posibilidades.

"Hay decenas de hogares en condiciones muy precarias y, por lo menos, a la Casa de Jesús no le faltan alimentos ni medicinas. Como toda organización sin fines de lucro carecen de muchas cosas, pero están más estable que otros centros", declaró.

Ya en el caso de los especiales, hay una joven de 19 años que padece discapacidad cognitiva cuya madre tiene buena posición económica. "Ella me llama a veces y me dice que me vaya con ella, pero ya este es mi hogar. Dios me trajo y aquí me quedo".

La más extrovertida de todas las niñas apenas alcanza los siete años. También sufre de discapacidad cognitiva (retraso mental) aunque su caso es más grave porque no puede articular palabras. Su madre la ha visitado dos veces en cuatro años.

De los 25 ingresados, sólo tres pueden hablar con claridad. Una de las privilegiadas tiene 12 años y cursa el sexto grado. La llevaron al centro hace casi un lustro cuando se encontraba desnutrida y recién le habían extirpado un pulmón.

Tiene un hermano de 14 años que vive con ella, pero su discapacidad motora y mental lo limita a sonreír y levantar la cabeza cuando quiere atención especial. Su hermana planea estudiar medicina para dedicar su vida al cuidado de los enfermos especiales.

El caso de mayor cuidado es el de una niña de siete años que padece hidrocefalia y los médicos diagnostican que ya no pueden hacer nada para evitar que la cabeza le crezca. Apuntan que sus posibilidades de supervivencia son mínimas si la someten a cirugía.

Ella, sin poder caminar ni hablar, pasa todo el día acostada porque, además, una patología estomacal hace que la parte derecha de su abdomen crezca sin control. Su mirada usualmente la fija al vacío, como quien espera paciente el desenlace mortal de su destino.

En los seis años que lleva el centro han fallecido tres menores por las complicaciones congénitas. Uno murió por hidrocefalia, el segundo sufrió una embolia y el tercero pereció por un paro respiratorio.

Para cada uno de los que no pueden caminar hay sillas de ruedas que, como era de esperarse, también fueron donadas. Sobran algunas, pero la administración del lugar las guarda por si nuevos enfermos necesitan de ellas.

Las patologías que presentan los que viven en la fundación son distrofia muscular, discapacidad cognitiva y auditiva, hidrocefalia y síndrome de down.

Infraestructura

El religioso Lucas Carvajal aclara que de los 20 mil metros cuadrados que tiene el área, el refugio no ocupa ni el 20 por ciento porque la precariedad económica los limita terminar el proyecto. Solo está levantada la parte frontal, diez habitaciones y una cocina.

Quizás la decoración infantil y la higiene que mantiene el refugio dejan entre dicha las necesidades que señala su dirección, pero el pastor aclara que lo mantienen así para que los niños conserven su inocencia.

Antes de cruzar la puerta principal una alfombra de color opaco da la bienvenida. Por las tardes la luz solar penetra cautelosa y, como por arte de magia, se ven reflejados en las paredes los dibujos que adornan el único pasillo que hay.

En cada habitación cabe un promedio de diez camas "king size" (160 centímetros de ancho por 3.6 metros de largo), pero los únicos cuatro aposentos que están en uso, en su mayoría, están llenos de cunas.

Fuera del recinto, en los cuatro puntos cardinales, solo se ve monte y alguna que otra vivienda con dificultad. A unos cien metros de la entrada principal levantaron un cuartucho donde almacenan las herramientas y los equipos inservibles.

Servicio altruista

Prudencio Matos se traslada dos veces a la semana desde los Alcarrizos hasta el refugio. Cuando el pastor Carvajal consigue dinero le da algo por sus servicios de vigilante, pero afirma que colabora sin ningún tipo de interés económico.

Quizás los 70 años que acumula el vigilante le imposibilitan ser más ágil que los malhechores, quienes "hace un mes se robaron más de 12 ovejas que les regalaron a los niños; en noviembre pasado se llevaron una bomba distribuidora de agua y antes nos habían despojado de todo el tendido eléctrico con un valor aproximado de 40 mil pesos".

Viviana Carvajal es hermana del pastor. Al igual que Matos, reside al otro extremo de la capital. Sus hijos le exigen que abandone el refugio porque ya ronda los 60 años, pero se niega bajo el alegato de que "estos niños ya son parte de mí".

"Mientras pueda respirar estaré aquí. Mis hijos me atacan para que me vaya, pero estos niños ya son parte de mí; soy la que les cocina y aunque mis parientes se opongan, no puedo irme y dejarlos", justificó.

Lucrecia Reyes cuenta con el apoyo de su esposo, quien cuida los hijos en común mientras su pareja se ausenta cada tres días para cuidar la descendencia de otros. Lleva dos años en la faena y planea seguirla mientras fuerzas tenga.

La que ya cumplió un lustro en el centro fue Virgilia Vegaso. "Vivo cerca de aquí y si nosotros, que estamos en el mismo sector, no ayudamos, entonces quién lo hará", se preguntó.

Piensa que si tuviera un hijo especial, como los del centro, lo cuidaría y criaría con normalidad "porque es de mi vientre que sale".

Y es que como afirma Vegaso: "Un padre o madre que abandone su hijo en la Casa de Jesús, simplemente no tiene corazón..."

Por Manauri Jorge