miércoles, 8 de febrero de 2012

La Bandera, ¿otro trapo más?


No. No me lancen a la hoguera por irreverente. No insistan en que soy un antipatriota que utiliza los alcances para tener por las cuatro esquinas la tricolor nacional. Ya les dije que no, no soy extranjero. No me juzguen por reconocer que la publicidad se limpia las nalgas con los símbolos patrios y nadie se revela. Solo sigo la corriente.

Pero por qué me crucifican cuando digo que la bandera dominicana es otro trapo más, si una compañía cervecera se la prestó a un joven para que la usara como toalla y se lanzara a una piscina donde otros ingerían alcohol por boca y nariz.

Anja, piedras para los más chiquitos. A mí sí me ponen en el paredón, pero por qué no hicieron lo mismo con la empresa gaseosa que puso su letrero en la parte superior de la gigantesca bandera atrincherada en los asientos vacíos del principal estadio capitalino.

De qué patriotismo me hablan los sepulcros blanqueados que gobiernan esta media isla, si donde se cuecen las leyes desconocen el natalicio o muerte del autor intelectual de la desgraciada nación que parió.

Me juzgan a mí. Quizás porque no tengo apellido con eco o porque mi patrimonio cabe en un puño. No me interesa que me apunten, como tampoco sé que le interesaría a Concepción Bona o María Trinidad Sánchez si pudieran ver lo que hacen los tutumpotes con el pedazo de tela que les costó tanto sudor y sangre orquestar.

La ley 360 establece que la bandera debe ser izada en todas las dependencias públicas; en los colegios, escuelas y universidades; en los organismos militares; en las embajadas dominicanas ubicadas en el exterior; en el Congreso Nacional y los estamentos judiciales; pero además, debe estar en cada hogar en fechas patrias, como el 26 de enero, 27 de febrero y 16 de agosto.

Leí tres veces el mismo párrafo y no encuentro la línea donde precise que la tricolor se pueda usar para cubrir la ausencia de un cristal en un vehículo del transporte público, para que combine con los colores de marcas comerciales, para enterrar un delincuente barrial o, en el más pintoresco de los casos, para vestir un perro que desfilaba en el carnaval de Bonao.

Me avergüenza la maldita ruta que lleva esta generación, pero más náucea me genera el silencio cómplice de la Comisión Permanente de Efemérides Patrias. La irresponsabilidad -si es que ha tenido- que presenta esa entidad es tan cobarde como dudosa. ¿Por qué no le halan las orejas a los que se orinan en el orgullo nacional?

Yo sí conozco los lugares y el modo en que se debe usar la bandera. Ahora bien, que hoy la cruz blanca no sea símil de un pueblo valiente, que el azul se haya desteñido hasta la marca que lo imprima o que el rojo no simbolice la sangre derramada -malgastada- por los patriotas, no es culpa de quien suscribe.

Aunque ha decir verdad no sé si tenga razón un amigo que vociferó: “Prefiero un perro patriota que un político ladrón...”. Es duro admitirlo porque me conformaría con lo menos malo, pero hasta yo colega. Hasta yo.

Si quieren acabar conmigo, bien, lo acepto. Espero que de paso limpien la mierda acumulada por los que tejen el poder y el seudopatriotismo de esta agonizante nación.

Por: Manauri Jorge